El juego del calamar: ¿cuáles son los efectos secundarios en la salud según los expertos?

 El juego del calamar: ¿cuáles son los efectos secundarios en la salud según los expertos?

¿Puede una serie de Netflix cambiar el comportamiento de los niños en las escuelas? Varios reportes así lo indican. Analicemos las evidencias.

El juego del calamar es la serie sensación de Netflix a nivel internacional, pero surgieron diversas preocupaciones por sus posibles efectos secundarios en la salud mental. Sobre todo, organizaciones médicas, psicológicas y de bien social advierten que los niños podrían ser susceptibles a la trama y a las imágenes del producto audiovisual.

Parte de su éxito global se atribuye al momento en que se estrena. Con menores restricciones posteriores al confinamiento por la pandemia de COVID-19, la serie trae a colación la desesperación propia de épocas confusas. No es difícil sentir lo mismo que sienten los protagonistas cuando eventos fuera de su alcance los ponen en situaciones límites.

Del mismo modo, El juego del calamar funciona como una crítica y sátira al sistema televisivo de juegos de concursos típicos de Japón, por ejemplo, o de Corea. Es posible que el guion se haya planteado con un mensaje social, pero lo ha trascendido hacia un entretenimiento que no parece inocuo para todos.

La violencia en El juego del calamar
La serie de Netflix tiene contenido violento. Así lo demuestra su catalogación en la plataforma que la coloca como no apta para menores de 17 años. De todas maneras, el registro de más de 111 millones de cuentas viéndola durante el primer mes de debut demuestra que seguramente hay visualización por parte de los niños.

Del mismo modo, la aparición de retos virales en redes sociales como Instagram y TikTok, con adolescentes emulando escenas de la serie, es otra evidencia de su penetración en este grupo etario. Fue quizás esa viralización la que alertó a diferentes organizaciones médicas y sociales de los efectos secundarios de El juego del calamar.

El portal Common Sense Media considera que el producto audiovisual no debería ser visto por menores de 16 años. En su descripción se aclara que hay violencia extrema en los episodios. Es interesante que el mismo portal permite opinar a los usuarios para saber si están de acuerdo o no con esa calificación. En la actualidad, los padres han referido allí que debería ser para mayores de 17 años, mientras que los niños proponen que sea para mayores de 14.

Es posible que un fundamento de su cantidad de visualizaciones, a pesar de la violencia explícita, radique en la disonancia cognitiva que crea el espectáculo. Escenas sádicas y de muerte se enmarcan en juegos infantiles. Esto resulta llamativo para el cerebro del espectador, que desea saber cómo se resuelven estas situaciones.

Una disonancia cognitiva es como un estado de incomodidad de la mente. Percibimos dos situaciones que deberían ser contrapuestas en un mismo plano. En este caso, los juegos infantiles no se corresponden con la muerte que encierran en el show.

Es así que los efectos secundarios de El juego del calamar se están asociando, sobre todo, a la salud mental. Para la población infantil es más difícil interpretar las disonancias cognitivas, lo que favorece las malas interpretaciones de la trama.

Reacciones en el mundo

Diferentes organizaciones gubernamentales y privadas han reaccionado ante la constatación de ciertos efectos secundarios en la salud de El juego del calamar. También movimientos liderados por padres han llamado la atención de las autoridades.

Las escuelas han cobrado un papel protagónico en este escenario. Resultan ser los espacios privilegiados para dar recomendaciones a los adultos, para discutir algunos temas relevantes con los niños y para detectar comportamientos violentos.

Una escuela del estado de Atlanta, en Estado Unidos, envió un comunicado a los padres para informarles que dentro del establecimiento estaba prohibido hablar o discutir sobre El juego del calamar. Del mismo modo, no permiten que los alumnos recreen escenas de la serie en los recreos.

Otra escuela, esta vez en Bélgica y estatal, también se comunicó con los padres al respecto. Tras detectar que en el patio varios alumnos jugaban como en el show de Netflix, pidieron a los cuidadores de los niños que no los dejen ver la serie. Según explican, no sería apta para menores de 18 años.

En Inglaterra también se apunta en un sentido similar. Un consejo educativo al sur del país recomienda que se evite a los niños la visualización de escenas de El juego del calamar. Lo mismo plantea la organización australiana ReachOut que se enfoca en la salud mental juvenil.

Escenas de El juego del calamar en las escuelas.

Efectos secundarios en la salud de series como El juego del calamar
No existe ningún estudio científico que analice los efectos secundarios en la salud de El juego del calamar. De todas maneras, se han realizado análisis sociológicos e investigaciones para determinar la relación entre la violencia consumida de forma audiovisual y la expresión de la misma en la realidad.

¿Es posible que el consumo de series y programas violentos conlleve agresiones posteriores en la vida real? Según un estudio realizado en Portugal, la violencia televisiva es un factor que contribuye a que los estudiantes escolares expresen agresiones físicas hacia los demás, siempre y cuando tengan interés genuino en los personajes de la historia que ven.

Por supuesto que esto no es un resultado inmediato. Quiere decir que los jóvenes no se tornan violentos solo por mirar una serie. Como bien aclaran los expertos Huesmann y Taylor, hay factores moderadores que determinan cómo una persona asimila lo que ve y lo traduce en comportamientos.

Según estos autores, la violencia que se observa en un show audiovisual repercute en la vida cotidiana por dos mecanismos más claros: uno es el intento de suicidio, que se registra con mayor prevalencia entre los adolescentes; el otro es la reproducción de las escenas violentas a manera de juego o como imitación. Esto último es lo que las escuelas de Bélgica, Estados Unidos e Inglaterra han reportado.

La desensibilización ante la violencia
Cuando la violencia se naturaliza, es decir, cuando se vuelve algo cotidiano que pasa a formar parte de lo habitual, entonces no se la condena. Para las personas más jóvenes, esto tiene un claro componente que proviene de la publicidad, las redes sociales y el consumo de productos de entretenimiento.

Con una personalidad en formación, es difícil que los adolescentes sepan discriminar lo que está bien de lo que está mal, así como les cuesta separar el mundo real del ficcional. En el corto plazo, la posibilidad de imitar lo que ven en una serie se presenta como oportunidad para testear los límites propios.

Según lo publicado por un grupo psicológico de estudio del Reino Unido, la violencia en los medios de consumo masivo genera excitación, sobre todo en los varones más jóvenes. Y esta excitación es mayor cuanto más estuvieron expuestos antes a otras formas audiovisuales de violencia.

Niños en las redes sociales.

El rol de la presión de grupo
Para los niños y los jóvenes no es menor el efecto que tiene la presión grupal, además del producto audiovisual que consuman en sí. Los efectos secundarios en la salud mental de El juego del calamar se asocian con la necesidad de pertenecer y no ser rechazados.

Si un compañero o amigo está viendo la serie de Netflix y comenta tal o cual cosa, el otro también quiere verla para no quedar afuera. Y si el primero lo invita a imitar una escena, el segundo tenderá a aceptar la invitación para no ser rechazado.

En un círculo vicioso, las influencias negativas de las series audiovisuales se reproducen y se esparcen porque hay una necesidad adolescente de ser aceptado. La propagación de la imitación de los juegos en los recreos tiene su base en este comportamiento.

Los efectos secundarios sociales de El juego del calamar aparecen en los jóvenes
El mayor peligro social de la naturalización de la violencia es la falta de empatía. Si nos parece normal y aceptable que se maltrate a otros para obtener un beneficio particular, entonces se destruye la trama social.

Los jóvenes son más susceptibles a adquirir estos comportamientos imitados porque no logran entender con total completitud la diferencia entre ficción y realidad. Allí se hace indispensable la guía de los padres. Los efectos secundarios de la serie El juego del calamar no serían tales si los adultos se tomasen el tiempo para acompañar y conversar con sus hijos.

La reducción de la violencia entre adolescentes no depende tanto de prohibir una serie de Netflix, sino de ejercer el rol adulto en la educación. Los menores de 17-18 años no deberían verla y eso está claro; pues no la entenderían con profundidad. Pero si la verán de todos modos, quizás a escondidas, entonces hay que educarlos para comprender.

Grupo Metro

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