Martín Hadis: «El Borges oral tenía una capacidad descomunal para generar frases»

 Martín Hadis: «El Borges oral tenía una capacidad descomunal para generar frases»

El licenciado en sistemas, lingüista y antropólogo, autor de «Literatos y Excéntricos», acaba de publicar «Borges: el misterio esencial», un libro que contiene once conversaciones en distintas universidades de los Estados Unidos.

Jorge Luis Borges, el cuentista, poeta y ensayista argentino más reconocido por su cuidadoso uso del español y, sin dudas, uno de los escritores más llevado a distintos idiomas, es traducido nuevamente, con la particularidad de ser trasladado esta vez a su propia lengua, tarea lograda exitosamente por Martín Hadis quien acaba de publicar «Borges: el misterio esencial» un libro de conversaciones en distintas universidades de los Estados Unidos.

El libro publicado por editorial Sudamericana es una cuidada edición a cargo del escritor, ensayista y fotógrafo Willis Barnstone, quien también aporta material fotográfico para el proyecto. Hadis, además de ser el traductor del inglés al español, es el encargado de realizar una minuciosa tarea de anotación. El libro contiene once conversaciones. Siete se realizaron en la Universidad de Indiana en Bloomington, de las cuales dos fueron en 1976, «Al despertar» y «El escritor aguarda a su propia obra»; y otras cinco en 1980: «Islas secretas», «Soy simplemente el que soy», «La pesadilla, ese tigre entre los sueños», «Yo siempre sentí el temor de los espejos» y «Toda multitud es una ilusión».

A estas se suman tres en distintas instituciones norteamericanas: «Pero yo prefiero soñar» en Massachusetts Institute of Technology (M.I.T.) en abril de 1980, «El tiempo es el misterio esencial» en la Universidad de Chicago, marzo de 1980; y «Siempre imaginé al Paraíso bajo la forma de una Biblioteca» en PEN Club de Nueva York, marzo de 1980. La restante conversación es «Sobrevino como un lento crepúsculo de verano», una entrevista de Dick Cavett, el periodista de televisión norteamericano para su programa «The Dick Cavett Show», el 5 de mayo de 1980.

Hadis, licenciado en sistemas, lingüista y antropólogo, es autor de «Literatos y Excéntricos», un libro sobre los antepasados ingleses del autor de «El Aleph», «Borges Profesor» (con Martín Arias, 2010) sobre el curso de literatura inglesa que dictaba el escritor argentino en la Universidad de Buenos Aires y «Siete Guerreros Nortumbrios: enigmas y secretos en la lápida de Jorge Luis Borges» (2011).

Entrevista

Télam: ¿Cómo fue la idea de publicar y editar este libro que compila conversaciones de Borges nunca antes traducidas?

Martín Hadis: Este libro lo descubrí hace varios años, y cuando lo leí me pareció formidable. Son diálogos de Borges con profesores, con estudiantes, poetas, científicos. Y Borges se nota que está feliz. Los diálogos entonces son muy amenos, pero además de una riqueza intelectual increíble. Como en mi libro anterior, «Borges Profesor», queda claro que en esos ámbitos universitarios Borges se siente muy a gusto. Esto lo lleva a, entre otras cosas, hacer algo a lo que en general es renuente, que es develar el origen y explicar el significado y los símbolos de sus cuentos. Asimismo, te das cuenta de que en los auditorios de esas universidades hay un respeto reverencial hacia Borges. Por ese motivo, nunca lo interrumpen.

Otras entrevistas se parecen a un ping-pong. Estos son diálogos en los que Borges se explaya todo lo que hace falta. Y el resultado es realmente fascinante. Uno puede «sentir» los engranajes de Borges girando en su mente. Fue por eso por lo que decidí traducir este libro al castellano. Me llevó muchos años, y finalmente lo logré. Por lo que dicen varios lectores, no se nota que es una traducción. Ese era mi objetivo, y parece que también logré alcanzarlo.

T.: ¿Cómo es la experiencia de traducir a su lengua al mayor exponente del español en Argentina?

M. H.: Bueno, fue una experiencia muy interesante. Intenté basarme siempre en el vocabulario que usa Borges para cada tema. Tengo decenas y decenas de libros de entrevistas con Borges. Y además he leído una y otra vez las obras completas. De modo que cada vez que Borges toca un tema, yo volví a las fuentes para ver qué palabras usaba. También escribí un programa para elegir entre posibles traducciones y lo «entrené» con textos de Borges. No fue una mera traducción. El trabajo consistió en hacer regresar al pensamiento de Borges a su idioma original, el castellano.

T.: ¿Cuál fue la experiencia de anotar las palabras de Borges?

M. H.: Las notas al pie están allí para aclarar lo que Borges dice al pasar y que encierra muchos matices de significado, o que alude a obras difíciles de encontrar o desconocidas para la mayoría de los lectores. Mi meta es ayudar al lector, que nunca se sienta desorientado o que le pierde el hilo a lo que Borges dice. Yo siempre trato de hacer libros que sean accesibles al público en general. Y una manera de ayudar a los lectores y de darles confianza a medida que van leyendo es explicando en todo momento las alusiones y referencias de Borges.

T.: ¿Cuáles serían los puntos clave que diferencian al escritor del Borges oral?

M. H.: Son muy pocas. Realmente Borges tenía una capacidad descomunal para generar frases, fueran escritas u orales. Pasaba además de un género a otro: poesía a ensayo, o ensayo a milongas, de una manera espontánea y sin esfuerzo. Hasta las frases orales que parecen más descuidadas tienen su ritmo, su cadencia, y su riqueza. Es más: Borges solía decir que la mejor manera de verificar si un texto está bien escrito era leerlo en voz alta. Si un texto leído en voz alta no persuade o no tiene el ritmo que el autor busca, debe ser descartado. Quizá la única diferencia entre el Borges oral y el Borges escrito es que, en este último caso, tenía la posibilidad de corregir. Y Borges era sumamente detallista. Más allá de eso, sinceramente, no hay mucha diferencia. Lo cual es, por supuesto, admirable.

T.: ¿En tu experiencia de lector y traductor de Borges como podés describir el uso de la ironía y el humor?

M. H.: Borges tenía un humor filoso, genial. Era un intelecto poderoso. Sus bromas son tan enormes y tan geniales que mucha gente ni siquiera las captaba, y terminaban enojándose con él. Más allá de eso, era sumamente gracioso. La obra entera de Borges está llena de bromas y frases que incluyen chistes. El blanco favorito de sus bromas solía ser él mismo. En sus «Obras Completas» de 1974, por ejemplo, agregó al final del volumen una biografía ficticia de él mismo, redactada en un futuro hipotético. Allí dice: «El renombre de que Borges gozó durante su vida, documentado por un cúmulo de monografías y de polémicas, no deja de asombrarnos ahora. Nos consta que el primer asombrado fue él y que siempre temió que lo declararan un impostor o un chapucero o una singular mezcla de ambos.» Así se refiere a él mismo en tercera persona. En este libro lo hace constantemente. Borges siempre que estaba a gusto se ponía a hacer bromas. Era su naturaleza. El humor era uno de sus rasgos distintivos. Y a lo largo de «El misterio esencial», se nota mucho. Hay páginas en las que te das cuenta que le está tomando el pelo a sus interlocutores cuando le hacen preguntas que lo fastidian. Es muy gracioso.

T.: ¿Aparecen y se pueden identificar la verdadera de las falsas modestias en la oralidad de Borges?

M. H.: No hay falsa modestia en Borges. Realmente era modesto en todos los sentidos de la palabra. Jamás entendió a qué se debía su fama. Él era sumamente crítico con él mismo, y siempre le pareció que su obra eran apenas «ejercicios». De hecho, ya en el primer diálogo del libro, les dice a sus oyentes: «Si ustedes vienen a mi casa -y espero que todos ustedes vengan eventualmente a visitarme a mi casa en la calle Maipú, en el barrio del Retiro, en Buenos Aires- encontrarán una buena biblioteca, pero ni un solo libro mío, porque yo no creo que mis libros merezcan estar en mi biblioteca, que está conformada por buenos libros. ¿Quién soy yo para estar al lado de Virgilio o de Stevenson? En mi casa no hay ni un solo libro escrito por mí. No deben temer encontrar ni un solo ejemplar de mi autoría.» Y esto lo decía completamente en serio. Cuando le llegaban ejemplares de cortesía de sus propias obras de las editoriales, lo primero que hacía era regalarlos. No quería que estuvieran en su casa.

T.: ¿Cómo aparecen los temas borgeanos en estas conversaciones?

M. H.: Bueno, lo interesante es que conversa con expertos en cada tema. Además, revela el significado de cada símbolo, con una franqueza inusual. Asimismo, como hay estudiantes presentes, es muy pedagógico, como en «Borges Profesor». Por último, quiero recalcar que este libro, además de ameno, tiene partes bastante graciosas dado que Borges está de muy buen humor, hace bromas todo el tiempo y responde de una manera bastante cómica a más de una pregunta.

Grupo Metro

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