Morir a manos de la Policía, un riesgo demasiado presente en Argentina

 Morir a manos de la Policía, un riesgo demasiado presente en Argentina

El crimen de Lucas González, un adolescente de 17 años baleado por policías cuando volvía de jugar al fútbol, suma un nuevo caso a la lista de abuso policial y gatillo fácil en Argentina. Adolescentes humildes, jóvenes manifestantes y hasta ladrones desarmados aparecen en la lista de víctimas de la violencia sin medida de los agentes.
El crimen del joven Lucas González, de 17 años, volvió a poner a la violencia policial y el ‘gatillo fácil’ en el centro del debate, en un país que en los últimos años acumula varios casos de jóvenes asesinados en el marco de operativos policiales abusivos.
El de González es el caso más reciente y pone en el foco sobre el accionar de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires. Tres efectivos del cuerpo policial son investigados por haber interceptado el vehículo en el que González viajaba con otros amigos sin un motivo claro, vestidos de civil y con un vehículo particular.
Según consignaron medios argentinos, los policías intentaron detener a los jóvenes porque supusieron que estaban en una «actitud sospechosa». Sin embargo, al no estar identificados, los jóvenes creyeron que se trataba de un asalto, por lo que intentaron escapar. En ese momento los policías abrieron fuego. A la víctima lo alcanzaron dos disparos en la cabeza y murió minutos después en un hospital.

Una detención, imagen ilustrativa - Sputnik Mundo, 1920, 12.09.2021

La indignación de sus familiares y amigos, que lo recuerdan como un adolescente cuya única pasión era jugar al fútbol, se suma a la de otros argentinos que en los últimos años también lloraron a seres queridos por haber muerto en manos de la Policía.
Walter Bulacio
El caso de Walter Bulacio es uno de los más emblemáticos en la historia de la brutalidad policial argentina. El joven tenía 17 años en ese momento y el 19 de abril acudió a un recital que la banda de rock Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota daría en el Estadio Obras Sanitarias.

Sin embargo, nunca llegó a escuchar el recital. Bulacio fue detenido antes en las inmediaciones del estadio, en el marco de una ‘razzia’, operativos en los que la Policía realizaba detenciones masivas.
Bulacio derivado a una dependencia policial y no se supo más de él hasta la mañana siguiente, cuando fue derivado a un hospital. Falleció una semana después producto de las fuertes heridas en la cabeza con las que dejó la comisaría. El joven llegó a decir, durante su internación, que había sido golpeado por los agentes.

El caso Bulacio se volvió paradigmático por las demoras en la causa judicial que hicieron pasar 22 años hasta que llegó una condena para el comisario a cargo del operativo. Además, la familia llevó el crimen a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que en 2003 falló en contra del Estado argentino y obligó al país a indemnizar a la familia, garantizar el esclarecimiento de la muerte y evitar casos similares en el futuro.
Kosteki y Santillán
Maximiliano Kosteki y Darío Santillán tenían 22 y 21 años en 2002 y ambos participaron de una manifestación convocada contra las políticas económicas del Gobierno, que en ese momento era ocupado interinamente por Eduardo Duhalde.
La movilización culminó en las inmediaciones de la estación de trenes de Avellaneda, localidad de la provincia de Buenos Aires. La represión policial incluyó efectivos con escopetas con balas de plomo. Los agentes, motivados por el reclamo político de «mano dura», abrieron fuego sobre los manifestantes. La acción policial era dirigida en esa zona por el comisario inspector Alfredo Franchiotti que, escopeta en mano, se puso al frente de la represión junto al cabo Alejandro Acosta.

La investigación determinó que Franchiotti y Acosta dispararon a mansalva contra varios manifestantes. En ese marco, Kosteki cayó herido gravemente pero no fue atendido en el momento, a pesar de que los policías lo vieron e intentaban moverlo por la fuerza. Santillán fue uno de los pocos que intentó socorrerlo, ya dentro de la estación. En ese momento, Franchiotti y Acosta ingresan al lugar y disparan a quienes asistían a Kosteki. Santillán es herido mortalmente por la espalda con disparos de escopeta cuando intentaba escapar.
Además de por su brutalidad, el caso pasó a la historia por las consecuencias políticas que tuvo sobre la gestión de Duhalde. Además, el momento de los crímenes quedó registrado por camarógrafos y fotógrafos de medios argentinos, piezas que resultaron clave para condenar a los policías.
Ezequiel Demonty
Ezequiel Demonty tenía 19 años cuando en la noche del 14 de septiembre de 2002 regresaba de un local bailable junto a dos amigos. Cuando se acercaron a una remisería para conseguir un vehículo, fueron interceptados por policías que ocupaban tres patrulleros. Luego de inculparlos por el supuesto robo de una bicicleta, los agentes los colocaron boca abajo, los golpearon y luego los subieron cada uno a un patrullero.
Entonces los trasladaron, sin decirles adónde, hacia el Riachuelo, curso de agua que divide la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con la provincia de Buenos Aires. La investigación judicial logró determinar que los agentes obligaron a los jóvenes a lanzarse al agua, amenazándolos con dispararles si no nadaban.
Dos de los tres amigos lograron mantenerse a flote pero Ezequiel Demonty perdió pie y se ahogó. Dos días después encontraron el cuerpo sin vida del joven.
Juan Pablo Kukoc
Un turista estadounidense caminaba con su cámara de fotos por las calles del barrio de La Boca, en Buenos Aires, la mañana del 8 de diciembre de 2017. Fue interceptado de pronto por dos jóvenes, que lo golpearon para robarle y, ante la resistencia del turista, le asestaron varias puñaladas.
Algunos testigos comenzaron a pedir ayuda mientras los asaltantes escapaban. El pedido de auxilio llegó a oídos de Luis Chocobar, un agente de Policía que pasaba por el lugar para tomar el transporte público. Sin haber visto a la víctima y llevándose solamente por el grito de otros testigos, el agente inició una persecución. Sin embargo, el policía alcanzó a uno de los asaltantes, Juan Pablo Kukoc, cuando éste ya había sido interceptado por testigos del robo que, tras golpearlo, recuperaron la cámara robada y regresaron con la víctima.

Policía antidrogas durante una operación especial en Buenos Aires (archivo) - Sputnik Mundo, 1920, 13.12.2019

Cuando Chocobar vio Kukoc, el joven ya no tenía en su poder la cámara robada ni se encontraba armado. De acuerdo a la investigación judicial, intentaba huir definitivamente del lugar. Según el policía, una «inflexión corporal» de Kukoc le hizo creer que iba a atacarlo, por lo que abrió fuego contra el joven. Chocobar hizo cuatro disparos, dos de los cuales impactaron en Kukoc en la región lumbar y en la pierna izquierda.
El caso se volvió famoso debido a que, si bien la Justicia condenó el actuar de Chocobar, el policía fue recibido por el entonces presidente Mauricio Macri (2015-2019) y la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. El oficialismo argentino consideró al policía como un símbolo del combate a la delincuencia.
Luciano Arruga
El caso de Luciano Arruga es otro caso paradigmático de la violencia y la corrupción de la Policía de la provincia de Buenos Aires. El joven desapareció el 31 de enero de 2009, cuando tenía 16 años y vivía en el barrio Lomas del Mirador, un barrio humilde del partido bonaerense de La Matanza. Su cuerpo fue encontrado recién cinco años después, en 2014, enterrado como un anónimo en el cementerio de La Chacarita.
Cuando desapareció, Arruga ya llevaba meses siendo hostigado por la Policía local. Según su familia, agentes de Policía lo habían contactado tiempo atrás para proponerle que robara en la zona y compartiera el botín con ellos, a cambio de no tener problemas con la ley. El chico, para sorpresa de los agentes, se negó. Desde ese momento, Arruga fue detenido ilegalmente en varias oportunidades, instancias en las que era amenazado y agredido.

La investigación determinó que Arruga murió el 1 de febrero de 2009, al día siguiente de su desaparición. El caso sigue rodeado de impunidad, ya que la Justicia entendió que el joven murió en un supuesto siniestro de tránsito y fue enterrado porque nadie reclamó su cuerpo.

Grupo Metro

Related post