Cómo las mujeres afrocolombianas trazaban mapas en su cabello para huir y guardaban ahí el oro

 Cómo las mujeres afrocolombianas trazaban mapas en su cabello para huir y guardaban ahí el oro

Uno de los episodios más violentos de la historia del continente americano es la esclavización de poblaciones negras en varios de sus países, comunidades extraídas de África y obligadas a trabajar en América bajo el mandato de los colonizadores europeos, cuyas huellas perviven hasta hoy.
Este fenómeno está particularmente vivo en países como Colombia, donde es clara la herencia afrodescendiente y perviven problemas racistas y discriminatorios derivados del periodo colonial.
De acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) del Gobierno colombiano, la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera del país sudamericano asciende a más de 4,6 millones de personas, un 9,34% de los habitantes de Colombia.
Sputnik conversó con la socióloga afrocolombiana Lemeva Leidys Valderrama para profundizar en los ejemplos de resistencia de estas comunidades en su país, así como los desafíos actuales de la lucha contra el racismo.

«Mucho de lo que se dice de nosotros se dice desde la visión de las personas blancas, que son quienes han tenido el poder para escribir la historia y para hacer ciencias y academia», apunta.
«Esas secuelas perviven y ese racismo epistémico es real y tangente, y pervive en la realidad, las poblaciones afrodescendientes en Colombia lo siguen padeciendo», sintetiza Valderrama.
Un rey negro contra la esclavitud
A finales del siglo XVI, periodo en que se consolidó la conquista y colonización de varios territorios del continente americano en manos del Imperio español, surgió un líder contra el tráfico de millones de personas secuestradas y esclavizadas de origen africano. Su nombre era Domingo Benkos Biohó.
Probablemente originario de Guinea Bissau, Benkos Biohó fue raptado por traficantes portugueses y enviado a Cartagena de Indias, «uno de los principales puertos esclavistas que los españoles tenían en sus colonias del Caribe y América del Sur», territorio de la costa norte colombiana.
«Debido a las condiciones infrahumanas vividas bajo la opresión esclavista, Benkos Biohó se fugó junto a otros hombres y mujeres esclavizados hacia el interior de las sabanas y montes que rodeaban a Cartagena de Indias. Estos lugares, al ser inaccesibles, sirvieron de refugio y asentamiento a los cientos de esclavos que huían de sus amos», apunta Señal Memoria.

Así, palenqueros y cimarrones fugados de la opresión se desarrollaron en sus propias comunidades con redes sociales y culturales en resistencia contra la esclavitud vigente en el Nuevo Reino de Granada, nombre español de la región durante el periodo colonial.
«El rey Benkos Biohó representa una de las más grandes muestras de construcción y creación del cimarronismo en las Américas», considera la socióloga Valderrama.
Además de su lucha por los negros de Colombia, este líder social encabezó el proceso de construcción de los antecedentes del Estado moderno mediante la organización en palenques, estima la especialista consultada, conformadas por hombres y mujeres fugados de la esclavitud.
«Benkos Bihó se consolidó en un líder que hizo posible transformar el imaginario alrededor del proceso de colonización y esclavización, demostrando que se podía evadir esta práctica, esta institución, y que además se deberían generar nuevas condiciones para habitar esos nuevos territorios, esos territorios construidos como palenques», apunta Valderrama.

La importancia del cabello
Benkos Biohó, distingue la socióloga, siguió vivo en la resistencia de las mujeres afrodescendientes qhe siguen tejiendo en sus procesos de identidad, donde el cabello jugó un papel fundamental.
«El cabello fue muy relevante durante la construcción de esas sociedades palenqueras o palenquistas porque era allí donde se guardaban las semillas y los materiales o metales que eran implantados en esa nueva tierra, en ese palenque», apunta.
Mediante trenzas y peinados, estas mujeres construían en sus cabezas mapas de libertad para vivir, además de guardar semillas, comparte la socióloga, para la resistencia y el abasto de alimentos en lugares en lucha.

La socióloga Lina María Vargas Álvarez, egresada de la Universidad Nacional de Colombia, investigó cómo se utilizaba el cabello para trazar estas estrategias de liberación. «Para planear la fuga de sus amos, las mujeres se reunían alrededor de la cabeza de las más pequeñas y, gracias a la observación del monte, diseñaban un mapa lleno de caminitos y salidas de escape, ubicando los montes, los ríos y los árboles más altos», anotó en su tesis Poética del peinado colombiano.
«Los hombres, al verlas, podían conocer hacia dónde partir. El lenguaje en el cuerpo, con códigos desconocidos para los amos, permitía a la gente huir. Así, peinados que podrían haber servido como marcadores de pertenencia tribal y étnica, y aun de estatus social, tuvieron un papel preponderante como lenguaje hermoso pero intrincado y secreto para quienes lo desconocían», abundó la universitaria.
Un terreno pantanoso era representado en los peinados con surcos, además de trazar los desplazamientos según la dirección del pelo, explicó un testimonio recogido por Vargas Álvarez en su trabajo académico.

«Como iban a las siembras, iban a sembrar, se recorrían el monte, entonces sabían por dónde era el monte más, más culebrero, como se dice, más difícil para los otros alcanzarlos, entonces ellas tejían la maraña, digamos así, de la estrategia», comparte.
Además de recoger semillas, en el cabello las mujeres afrodescendientes también guardaban valores como oro y platino para poderlos usar en su beneficio, protegerlos de ladrones y de los esclavistas.
Reuniones vivas en torno al pelo
La socióloga Vargas Álvarez también identificó que el pelo sigue representando un espacio de encuentro, pues los negocios para cortar el pelo son utilizados por las comunidades afrocolombianas para reunirse y compartir, como ámbitos de identificación.
«Hoy día esas representaciones estéticas del trenzado de las poblaciones afrodescendientes lideradas por las mujeres afrodescendientes siguen constituyendo y representando procesos de resistencia para generar una nueva visión y para mantener vivo ese legado ancestral que permitió que nuestros ancestros y ancestras pudieran recobrar la libertad», describe Valderrama en conversación con Sputnik.
Otros ejemplos de la creatividad hacia la liberación pueden hallarse en la espiritualidad afrodescendiente, apunta, pues los ancestros utilizaron el cristianismo impuesto por los conquistadores para ocultar en él las raíces de su propio credo religioso.

«Esa espiritualidad pervive y se ve reflejada en los ritos mortuorios a través de los cuales se despide a los muertos y hay diferentes ritos para distintas edades o distintos tipos de representaciones de acuerdo al rango de liderazgo o de significancia que la persona tenga en su comunidad, si es un sabedor o si es un niño el rito mortuorio es distinto», detalla.
Las deidades afrodescendientes, describe, burlaron la vigilancia ideológica de la Iglesia católica para mantener su expresión entre los colombianos.
«También está el tema del lenguaje: San Basilio de Palenque creó su idioma propio, que hoy es una lengua que es patrimonio de la humanidad, esa lengua se llama el palenquero», declara.
«Esos cimarrones y libertarios construyeron un idioma propio utilizando los elementos del lenguaje que se impuso en esa colonización-esclavitud, y los elementos que se lograron reservar o conservar de África».
Una violencia que aún se ejerce
La discriminación en Colombia con motivos raciales sigue practicándose, denuncia Valderrama, y es particularmente evidente, ejemplifica, en la invisibilización de sus aportes al proceso de construir la nacionalidad en ese país sudamericano.
«Todavía se sigue pensando que nuestro único aporte es en el folclor, pero la gente afro en Colombia ha construido nación, ha propuesto otra visión de sociedad y ha estado de alguna manera siempre apostándole a la transformación del país a través de procesos de paz, de procesos comunitarios, a partir de procesos de diálogo», enumera.
Estas poblaciones, recupera Valderrama, practican la filosofía africana del Ubuntu, que de acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sustenta la creencia de que hay un vínculo humano universal que invita al cuidado mutuo por una conexión esencial.

El universitario Jaco Hoffman, profesor en Sudáfrica, explica que la base del Ubuntu es el respeto por uno mismo y por los demás. «Por eso, si eres capaz de ver a los demás, incluso a los desconocidos, como humanos de pleno derecho, jamás los tratarás mal o como si fueran inferiores».
«Se sigue estigmatizando el cabello de las personas afro, principalmente las mujeres negras o afrodescendientes, hay muchísimos memes y publicaciones muy dañinas alrededor de la estética de las mujeres afrodescendientes», exhibe.
Durante la campaña presidencial de Gustavo Petro, en fórmula con la afrodescendiente Francia Márquez, la hoy vicemandataria de Colombia fue foco de ataques racistas por su origen, recuerda Valderrama.
Invisibilizar al presidente afro
La invisibilización, acusa la socióloga, se suma a una violencia constante que sigue acusando a las poblaciones afrocolombianas de ser feas. Un claro ejemplo de ello se puede encontrar en el primer presidente afrodescendiente que ha tenido Colombia, quien fue borrado de la historia.
No fue sino hasta el mandato de Juan Manuel Santos (2010-2018) que se recuperó la figura de Juan José Nieto Gil y se reconoció su presencia en la vida política colombiana, apunta.
«Eso da cuenta de ese racismo estructural que pervive dentro de la génesis de la sociedad colombiana y que invisibiliza a la gente afro y que solo la tiene en cuenta para que divierta o para que entretenga», lamenta.

Los testimonios de resistencia de la comunidad negra y afrodescendiente en Colombia, a pesar de su elocuencia política, también han sido borrados y minimizados por la historia oficial, califica Valderrama.
«Ha sido la misma población afrodescendiente, con una minúscula participación de la academia, la que ha podido lograr visibilizar estos aportes y estas otras realidades de lucha y de transformaciones de las poblaciones afrodescendientes», reconoce la socióloga.
La aparición de estas poblaciones en los libros oficiales se autorizaba solo cuando articulaban discriminación en su contra y estigmas desprestigiantes, como acusarlos de pereza o encapsularlos en prejuicios como que «solo servían para bailar».
La importancia de la representación
No está en manos de la vicepresidenta Francia Márquez revertir un problema estructural como el racismo colombiano, mucho menos desde fórmulas mágicas, evalúa la socióloga Valderrama, sin embargo es importante verla ocupar espacios de poder porque permitirá a niños y niñas sentirse capaces de llegar a ellos, más seguros de sí mismos.
Además, califica que tanto Petro como Márquez han impulsado políticas de atención al problema racial colombiano y que abren la puerta a reivindicaciones de estas comunidades, en un proceso que involucra a todo el país en el reconocimiento de su diversidad.

 

Grupo Metro

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