¿Qué es el odio y por qué podemos sentirlo?

 ¿Qué es el odio y por qué podemos sentirlo?

La mayoría de nosotros hemos dicho «te odio» alguna vez en la vida. Pero, ¿realmente entendemos que implica este sentimiento? Veámoslo en detalle.

A menudo, muchas personas malinterpretan el concepto de odio y recurren a esta palabra de forma casual y errónea en la vida cotidiana. Por ejemplo, cuando alguien dice: «odio a mi profesora por no haber aprobado mi examen» u «odio a mi ex porque me fue infiel», en realidad no lo están diciendo en serio.

El odio es un sentimiento que va mucho más allá. De hecho, contrario a lo que muchos dicen, no es lo opuesto al amor; lo que se opone al amor es la indiferencia. Y tener clara esta distinción es vital para entender este sentimiento tan complejo. Dicho esto, veamos en qué consiste, cuáles son sus causas y cómo podemos combatirlo.

¿Qué es el odio?
El odio es un sentimiento relativamente estable que denota una aversión intensa hacia otra persona, entidad o grupo. Suele incluir emociones negativas como la ira, el asco o el desprecio; sin embargo, no deben confundirse con éstas últimas, que son situacionales y de corta duración.

En este caso, es una emoción más compleja que aquellas que se experimentan de forma reactiva ante determinadas situaciones. Además de ser más duradera, implica una evaluación racional del objeto odiado y una motivación para eliminarlo.

De allí, el hecho de que los crímenes de odio siempre involucren prejuicios negativos hacia el otro y sean fríamente calculados.

Diferencias entre odio, ira, desprecio y envidia
El odio se diferencia de la ira en tanto que el primero involucra a todo el individuo o grupo, mientras que la segunda solo considera un aspecto de estos. Es decir, cuando odiamos, repudiamos al otro por lo que es. En cambio, cuando nos enojamos, lo hacemos porque ese otro hizo algo que nos perjudicó.

De esta forma, experimentamos enojo cuando las acciones del otro nos dañan y deseamos una disculpa, un cambio de comportamiento, etcétera.

Pero cuando hay odio, solo deseamos que el otro desaparezca. No hay disculpas que valgan, ni cambios que funcionen, pues todo lo que nos causa aversión está relacionado con su propia existencia.

Ahora bien, el desprecio vendría siendo la versión leve del odio, ya que también se rechaza al otro por lo que es. No obstante, en este caso podemos ser indiferentes a ese otro; pero con el odio no, ya que estamos comprometidos a deshacernos de ellos, ya sea social, mental o físicamente.

Por último, el envidioso se diferencia del que odia en tanto que el primero no desea el mal del otro de forma directa; solo anhela tener aquellos bienes ajenos de los que carece. En cambio, cuando se odia no se desea tener nada de lo que posee el otro, pues todo lo que se relacione con este último es digno de rechazo.

A pesar de esto, no olvidemos que la ira, el desprecio y la envidia continuada pueden llegar a transformarse en sentimientos de odio.

Fisiología del odio
A diferencia de la ira, no existe un patrón fisiológico que sea característico del odio, ya que este último implica una experiencia a largo plazo. Pese a esto, los neurocientíficos han identificado un patrón en las imágenes por resonancia magnética funcional y lo han denominado el «circuito del odio».

Este involucra la activación del giro frontal medio, el circuito derecho del putamen, el córtex premotor y la ínsula, muchos de ellos vinculados también al comportamiento agresivo. En cualquier caso, los mecanismos de la rabia, el peligro y el miedo siguen distintos patrones que el odio.

Por su parte, el neurocientífico cognitivo Emile Bruneau encontró que en el odio suelen activarse zonas del cerebro involucradas en el juicio y en la evaluación de otras personas.

¿Por qué la gente odia?
Los sentimientos de odio suelen desarrollarse por diversas razones. Las más comunes son las siguientes:

Sentir envidia o desear lo que otra persona tiene. Lo que les lleva a creer que es injusto que alguien tenga lo que ellos no poseen.
Por aprendizaje. En este caso, los padres, la cultura u otros grupos sociales inculcan ese sentimiento a través de prejuicios o creencias mal infundadas sobre un grupo de personas. Por ejemplo, el racismo, la xenofobia y la homofobia son típicos casos de odio aprendido.
Ser humillados o maltratados por otras personas. En estos casos, la impotencia que genera no poder defenderse suele ir cultivando poco a poco los sentimientos de odio.
La deshumanización. Creer que otras personas son inferiores, incivilizadas o simples animales.

Mujeres con envidia

¿Cómo combatirlo?
De acuerdo con Emile Bruneau, es importante descubrir el malentendido que está detrás del conflicto que hace que las personas se odien. Esto debido a que en todas las manifestaciones de odio suelen existir ideas preconcebidas incorrectas sobre el otro, que versan sobre su forma de ser, sus preferencias, sus pensamientos, etcétera.

Por tanto, para el neurocientífico, la mejor forma de abordar y superar el odio no es hacer que las dos partes se gusten, ya que esto no ha funcionado nunca. En lugar de esto, hay que reconocer esas ideas erróneas, revelarlas y comprender que su animosidad siempre estuvo basada en prejuicios mal infundados.

De hecho, esta vía para superar el odio fue comprobada por el mismo Bruneau en un experimento realizado después de los ataques terroristas por el Estado islamista en París, durante el 2015. En dicho estudio, Bruneau quiso analizar el odio hacia los musulmanes desarrollado por los estadounidenses.

Para ello, reprodujo un vídeo de una mujer musulmana donde afirma que culpar a todos los musulmanes de las acciones terroristas del Estado Islámico, era como culpar a todos los estadounidenses blancos de las acciones del Ku Klux Klan.

Esta afirmación fue capaz de cambiar la visión que tenían muchos de los grupos analizados sobre los musulmanes. En este caso, exponerlos a las inconsistencias detrás de su odio funcionó.

La importancia de saber identificar las emociones
Como dijimos al comienzo, existe mucha confusión sobre el odio y lo que realmente significa. Si las personas se dan cuenta de que este sentimiento es algo mucho más grande y nocivo, tal vez cambien la forma en que usan la palabra.

Así pues, se necesita discernir entre los sentimientos, un componente esencial de la inteligencia emocional. Si en efecto llegásemos a experimentarlo, resulta pertinente cuestionarse aquellas creencias que nos hacen odiar, y reformularlas. Incluso, puede ser necesaria la asistencia profesional. Hay que recordar que el odio nunca deja nada bueno.

Grupo Metro

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